domingo 28 de diciembre de 2008

Voyage, voyage...

Ya llevo más de una semana en mi querido hogar, aunque no sin esfuerzo y penalidades. Nunca me había chupado un viaje tan largo yo sola, y viajar solo tiene algunos inconvenientes, a destacar: te aburres más y las vicisitudes de tu viaje te afectan más duramente al tener que enfrentarlas tú solo.

Así, el viernes 19 a las once y media de la mañana hice el check-out en mi habitación, que consiste en seguir una lista de cosas a comprobar que te dan (persianas cerradas, calefacción apagada, frigoríficos descongelados y apagados, etc), verificarla con el RA, firmar en el papelito que todo está en orden, coger el pescante y largarte de allí.

Después de eso había quedado con un amigo cuyo vuelo salía a la misma hora que el mío, para compartir el taxi al aeropuerto (que cuesta un huevo) y llegar con dos horitas de antelación más o menos. Total, el vuelo no era internacional, era a Philadelphia, tampoco había que pasarse. El caso es que llegamos rondando la una de la tarde y nos separamos, ya que mi vuelo era US Airways y el suyo era Continental Airlines creo, y cada uno prosiguió su camino. Cuando llegué al mostrador de facturación me encontré mi primera sorpresa, y es que la tía que allí organizaba el cotarro quería hacerme pagar $15 por mi primera y única maleta. "¿Cómorl? He pagao más de mil euracos por mi billete de ida y vuelta ¿y encima quieres que pague la facturación?". En fin, la tía quería que pagara con tarjeta en el auto check-in, pero yo ni sabía cómo iba eso ni tenía tarjeta, así que fui a un mostrador para facturación manual. Y allí una señora de lo más maternal cuidó de mi (y no me hizo pagar la facturación, yuhu!). Aún así esta señora me comunicó el segundo problema de mi viaje: retraso indefinido en mi vuelo, sin mucha posibilidad de meterme en otro. Y además con posibilidad de cancelación, porque había un temporal de lo peor de Philadelphia para arriba, que estaba mandando a la porra todos los vuelos. Esta mujer debió ver la desolación en mis sojos y me dió instrucciones de lo más precisas. Como mi tiempo de conexión era extremadamente largo (cinco horas ni más ni menos), había esperanzas de que pudiera pillar el vuelo a Madrid. Así que me dio una hora límite de llegada a Philadelphia después de la cual no debía coger el vuelo sino volver a check-in y allí ellos, palabras textuales, "would take care of me", lo cual era bastante tranquilizador para un cachorrillo desvalido como yo sin lugar donde caer muerta xD. Me dirigí a la puerta de embarque correspondiente y me dediqué a esperar noticias sobre mi vuelo, cada una de las cuales contradecía la anterior. Que si ibamos a embarcar a tal hora, que si íbamos a embarcar a tal hora anterior a la de la primera noticia, que si no ibamos a embarcar... Entre noticia y noticia me eché una siestecilla de media hora y me comí una pizza en el Pizza Hut (en los momentos de estrés me da por comer), y en un momento dado, dos horas y media más tarde de la hora prevista, nos hicieron embarcar en el avión deprisa y corriendo sin dar mucha explicación y bastante antes de lo que se había dicho en la última actualización. Despegamos como a las cinco y media, así que ya llevaba más de cuatro horas de espera gratuita en lo alto.

Una vez tomé el vuelo de Greensboro a Philadelphia todo fue sobre ruedas y ya no hubo más estrés. La conexión fue una maravilla, ya que no tuve que recoger mi maleta y requetefacturarla como la vez anterior y además no tuve que hacer ningún trámite burocrático (lo de salir del país siempre es más fácil que entrar, you know...). Fue cuestión de un cuartillo de hora el ponerme en la puerta de embarque adecuada y no tuve que hacer nada más, sin ningún tipo de confusión además porque el aeropuerto de Philadelphia, pese a grande, es muy fácil de transitar. El vuelo salió a la hora adecuada (las nueve menos diez de la noche) y se me hizo eterno. A mitad me desvelé y no me podía dormir. Encima no tenía reloj y no había forma de saber cuánto tiempo llevábamos volando, con lo que se hacía más largo aún.

Puse el pie en Madrid a las 10 de la mañana del día siguiente y mi hermanito me recogió en Barajas. Pero mi viaje no terminaba aún... todavía faltaba... ¡el maravilloso viaje en alsina de vuelta a Granada! Con su parada en Almuradiel y todo. De todas formas no me quejo, porque esa parte del viaje aunque no os lo creáis fue la más llevadera. El desvele del vuelo junto con el jet lag (a lo mejor) hicieron mella en mí y nada más me coloqué en mi asiento del autobús me puse a dormir como una condenada. Cerré el ojo y ¡chan! estaba en Almuradiel. Lo volví a cerrar y estaba en Despeñaperros. Increíble xD.

Y después de 24 horas de viaje, más las seis de diferencia horaria, llegué a mi casita. Una odisea. Pero eso no me detuvo para irme por ahí con la gente nada más llegar. Seguramente ese non-stop que llevo desde que vine es uno de los motivos por los que estoy ahora enfelma. Pero bueno, ha merecido la pena. Dentro de unas semanas habrá que hacer el análogo viaje de vuelta a Greensboring, aunque esta vez por suerte voy acompañada.

1 patochás:

Athos dijo...

Dios mío, qué epitafios escribimos!
Hemos estado hoy vivas? Yo desde luego no...
Un beso guapíhma, te veo pronto...
:******